Llaman mucho la atención las rupturas que crea Allen dentro de la propia película para dirigirse al público, y también el hecho de hablar con simples extras sobre los temas clave del argumento. Todo esto hace que el largometraje en sí sea una especie monólogo del protagonista.
Veo como claves el monólogo del comienzo y del final:
"Les contaré un chiste viejo. Ah, dos señoras mayores están en un parador de montaña, y una dice: «Hay que ver lo mala que es aquí la comida». Y la otra replica: «Sí, ya, ya, y además dan unas raciones tan pequeñas». Pues bien, así es cómo veo yo la vida. Llena de soledad, de tristeza, de sufrimiento y de infelicidad, y pasa todo tan deprisa... Hay, hay otro chiste importante para mí, que suele, ah, atribuirse a Groucho Marx, pero yo creo que aparece antes en «El chiste y su relación con el subconsciente», de Freud. Y dice así, poco más o menos: «No me interesa pertenecer a ningún club que cuente a alguien como yo entre sus socios».
[...]
...y me acordé de aquel viejo chiste, ya saben, el del tipo que va a ver al psiquiatra y le dice: «Doctor, mi hermano se ha vuelto loco. Se cree que es una gallina». Y el médico le contesta: «Bueno, ¿y por qué no hace que lo encierren?». Y el tipo le replica: «Lo haría pero es que necesito los huevos». En fin, yo creo que eso expresa muy bien lo que siento acerca de las relaciones entre las personas. ¿Saben? Son completamente irracionales, disparatadas, absurdas y... pero, ah, creo que las seguimos manteniendo porque, ah, la mayor parte de nosotros necesitamos los huevos."
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